Supermán aún vigila la Plaza Mayor de Lima

Supermán encaletando su identidad con un cartel turístico
Fue en el verano del 2007 en el que divisé por vez primera a Supermán. No era un avión, no era un pájaro, era un jalador de menú en el jirón Huallaga, en el Portal de Botoneros. Yo practicaba aquella temporada en una revista de céntrica ubicación y no carecía de ocasión de cruzarme con el sub-empleado hombre de acero.

En un país en el difícilmente pasaría desapercibido con una identidad ficticia como "Clark Kent", la que lo haría acreedor a elogios, cargos o, cuando menos, a la oportunidad de bailar en El Gran Chongo, tuvo que encontrar un alias más propio: Avelino Chávez.

El periodismo peruano, obviamente, tampoco sería adecuado para sus heróicas intenciones, así que se refugió en la desapercibida labor de jalador.

El Superhéroe y yo
Así lo conocí el 2007 y así lo encontré el mediodía del sábado pasado. Unos metros más allá del Hotel President, en cuya puerta solía invitar a almorzar un provechoso menú. Esta vez cargaba en mano un cartel en el que se podía leer "Ticket's and Tours" por un lado y "Tourist Information" por el otro.

Al acercarme tuvo ocasión de promocionarme precios "astronómicamente" económicos.

El Comercio también lo retrató.
Sospecho que su nueva labor debe ser parte de alguna investigación supersecreta. Quién sabe si su trabajo e identidad se vean afectados por las filtraciones de los WikiLeaks. O si su nueva chamba de fachada tiene como propósito desenmascarar la gran red de tráfico de empleadas del hogar entre Tarapoto y Lima.

A pesar de mis múltiples dudas, no podía retenerlo más ante su permanentemente ajetreada labor de lucha contra el crimen organizado y contra la carencia de información turística.

¡Sigue defendiéndonos, Supermán!

Wikileaks: Hacktivismo y otras falacias "libertarias"

Imagen: PC1 News
La falacia de lo humanitariamente beneficioso de Wikileaks quedó demostrada con la campaña por atacar a empresas como Visa, Mastercard y Paypal porque "boicotearon" a Julian Assange, hoy detenido por presunto abuso sexual de dos mujeres.

Lo de hoy se llama terrorismo y nada tiene que ver con ideales libertarios. Que empresas decidan cerrarle las puertas a una persona en base a su situación legal, o a presiones estadonidenses, no guarda relación alguna con las personas inocentes que fueron afectadas por el capricho de "protesta" de unos tarados indignados.

Lo de hoy es una hilera de coches bomba en las tiendas virtuales de Visa, Mastercard y Paypal que de seguro ha dejado heridos y pérdidas en personas que muy probablemente no tenían bandera definida en este lío.

Y lo peor es que la inmensa mayoría lo hizo por soberana ignorancia, por la moda, porque la idiotez es difusiva. Sólo instalaron un programita del que no tienen idea de cómo funciona y listo, son parte de la "guerra cibernética".

Ningún resultado pacífico emerge de la violencia. Los que se lanzaron como una horda salvaje y belicosa hoy no son mejores que Estados Unidos y sus abusos. Son solo un buen puñado de tarados que no tienen nada que hacer en sus casas entre su tiempo de ir al baño y la novela de las 8 p.m.

-Sócrates, ¿usted sabe lo que he oído acerca de un amigo suyo?
-Un momento, replicó Sócrates. Antes que me diga algo, quiero ver si usted supera una pequeña prueba. La llaman prueba del triple filtro
-¿Triple filtro?
-Así es, continuó Sócrates. Antes que me hable de mi amigo, es una buena idea tomar un momento y filtrar lo que usted va a decirme.
-El primer filtro es la verdad. ¿Está usted absolutamente seguro que lo que va a decirme es verdad?
-No, dijo el hombre, realmente sólo lo oí y...
-Muy bien, replicó Sócrates. Entonces usted no sabe realmente si es verdad o no. Veamos el segundo filtro, el filtro de bondad.
-¿Lo que me va a decir de mi amigo es algo bueno?
-No, al contrario...
-Entonces - prosiguió Sócrates - me va a decir algo malo de él, pero usted no está seguro de que sea verdad. Todavía falta un filtro: el de utilidad. ¿Lo que me va a decir de mi amigo es útil para mí?
-No, realmente no.
-Bueno, concluyó Sócrates, si lo que me va a decir no es ni verdad, ni bueno, ni aún útil, ¿Para qué me lo quiere usted decir?

Diferenciemos el morbo del periodismo de una vez. No nos corresponde informarnos de todo, y todo país, como toda persona, siempre guarda secretos muy particulares referentes a su seguridad, a su actuar o a sus conveniencias. Entre estos, como es usual, existe el espionaje (y contra espionaje). Lo hace Estados Unidos, lo hace China, lo hace Perú. Es algo que siempre supimos pero que nunca nos interesó hasta que aparecieron los morbosos datos.

Ciertamente hay mucho que es periodísticamente útil y es justo que la humanidad entera lo conozca. Temas de derechos humanos y abusos, claro está. Pero los temas de espionaje, de seguridad nacional, ¿para qué? ¿qué de provechoso da a la humanidad más allá del escándalo, la mofa y el perjuicio de la diplomacia? Absolutamente nada. Y eso no es libertad, señores, eso es libertinaje.

Y si sale publicado es porque el libertinaje de prensa da de comer a los medios de comunicación, no porque sea ético ni justo. Y los colegas contentos, porque ya les hicieron la tarea.

María tiene la culpa

Monumento a María en Cali (Wikipedia)
He aquí, caros amigos míos, la historia de la adolescencia de aquel a quien tanto amasteis y que ya no existe. Mucho tiempo os he hecho esperar estas páginas. Después de escritas me han parecido pálidas e indignas de ser ofrecidas como un testimonio de mi gratitud y de mi afecto. Vosotros no ignoráis las palabras que pronunció aquella noche terrible, al poner en mis manos el libro de sus recuerdos: «Lo que ahí falta tú lo sabes: podrás leer hasta lo que mis lágrimas han borrado». ¡Dulce y triste misión! Leedlas, pues, y si suspendéis la lectura para llorar, ese llanto me probará que la he cumplido fielmente.

Estas palabras, de nostalgia tan profunda como la novela que se erige en las páginas que le siguen, lo son todo en por qué escribo más sobre realidad que sobre ficción, sin renunciar a los recursos estilísticos de la literatura.

A nadie que haya leído María le puede ser ajena la pena y si debo confesar que alguna vez estuve cerca de llorar con algún libro, fue con este. Sin embargo, el marco de realidad en que se encuentra toda la historia -que Wikipedia me promete tener algo de veracidad- sentenció que indague detrás de cada narración que se topara con mis manos en adelante, inclusive en las más descabelladas.

Aquellas pocas palabras iniciales de Jorge Isaacs, escritas casi como un breve testamento, sembraron en mí la curiosidad que me llevó a escarbar entre las migajas de realidad que dejan los autores de historias fascinantes.

Y ahí también, quizás, comencé a saborear la que sería una incesante búsqueda de la verdad. Pero esa es otra historia.

Serpost, responde mi carta, por favor

No mando correos al extranjero muy seguido, no tengo por qué. Pero a Fiorella, mi enamorada, desde hace algún tiempo se le presentó el tierno antojo de hacer intercambio internacional de postales, que ella recibe, por lo que coleccionistas de otros países -hasta el momento tengo conocimiento de Estados Unidos y España- requieran.

Long story short

Resulta que para poder enviar mi sobre, paquete o loquebuenamentesemeantoje usando sus estatalísimos servicios, debo presentarme con mi sobre, paquete o loquebuenamentesemeantoje abierto para su revisión.

Yo entiendo que no confíen en la declaración jurada que firmo, pues yo no confío en ellos, sin embargo hasta donde entiendo la ley, y la Constitución, me amparan. Les doy un instante para que se rían de esto último antes de que lean lo que les escribí a través de su web. ¿Ya?

Una curiosidad, una sola: ¿Por qué, si se supone que la correspondencia es confidencial (Art. 2, Inciso 10 de la Constitución Política del Perú) y asumiendo que ustedes cuentan con el sistema adecuado para detectar tráfico de drogas, entre otros, la persona que realiza el envío de un sobre/paquete tiene que llevarlo abierto hasta sus oficinas?
Sin otro particular quedo de usted.

¿A que no adivinan qué me respondieron tras casi una semana? Pues lo usual de toda empresa estatal: Nada.

¿Alguien que haya pasado por otra de esas cautivadoras experiencias o, mejor, alguien que me pueda explicar la "base legal" de esta violación a la privacidad?

Vargas Llosa, Alberto -el poeta- y la casa en el barrio alegre

La casa de Alberto es la tercera de la segunda cuadra de Diego Ferré, en la acera de la izquierda.

La ciudad y los perros fue el primer libro que leí por voluntad propia, sin hostigamiento docente ni porque, a diferencia de Alvaro Vargas Llosa, mi padre me haya obligado a tener dos horas de lectura. Su estructura dispersa, sus múltiples primeras personas, la identificación escolar, entre otros lujos de mi pirata versión con tapa amarilla me dejaron absolutamente cautivado.

No me siento especial al admitir que me identifiqué bastante con el Poeta, pues estoy seguro que todos los que terminamos escribiendo sentimos una simpatía particular por Alberto. Pero, en un boceto muy primitivo de mi obsesión por encontrarle algo de veracidad a lo que leía, se sembró en mi alma un intenso anhelo de encontrar esa casa en el Barrio Alegre -no el de Huatica-, en aquella calle que le pertenece a la estrecha calle Porta.

Pero vivía en Iquitos, a un millar de kilómetros de Lima, Miraflores, Porta y su Diego Ferré, así que todo quedó como un proyecto abstracto justo a la derecha de buscar el Valle del Cauca y la hacienda donde murió María.

Un par de veces, entré a Diego Ferré pero, sin la directriz del libro a la mano, esos menos de trescientos metros de largo que cualquier caminante desprevenido la tomaría por un callejón sin salida, me resultaban inmensos. Después de todo, era sólo una casa.

Hasta hoy que, inspirado por el emotivo mensaje del flamante y siempre dientón Nobel, me animé a obtener resultados. Salí de mi escondite laboral en La Paz rumbo a medio kilómetro más allá: La casa de Alberto, el Poeta.

El resultado es triste y no merece más que la foto que ilustra este post. Si alguna vez la hubo, que seguro así fue, la casa no está más. Alcánceme la foto quien la tenga, por favor, que aquí no hay más que un hotel.

Y si hay tours en Nueva York por las locaciones de Sex & the City y los hay en Londres por Harry Potter, ¿no sería justo que exista semejante honor popular para nuestro más famoso escribidor? Digo, nomás.

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