Toros: Entre Acho y Auschwitz

En principio: no, no es mejor el trato que les dan a las reses en los mataderos (camales) que el de un toro que sale al ruedo a enfrentarse con un torero. En este caso es cierto el alegato de los amantes de la tauromaquia que argumentan que los toros de lidia tienen, al menos, dos buenas armas para enfrentar a su potencial matador. Tienen además la carta comodín de, si su desempeño es muy bueno o muy malo, salir ileso del ruedo. No hay res que salga viva de un camal. No comparto la exagerada perspectiva de PETA, pero este video ilustra muy bien el trato que reciben estos animales. ¿Hambre ahora?



Quienes "defienden" a los toros, poco resentimiento le guardan al cocinero a cargo de prepararles un buen bife. Si Gastón Acurio bailara en el Gran Show, por ejemplo, pocos serían los que saldrían a protestar a las calles por ser un "mal ejemplo para los niños" (así llamaron a Roca Rey). Innegable es que sangre animal ha corrido por sus gorditas manos ante el asentimiento y deleite de sus comensales.

Me resulta inevitable criticar que alguien que se deleite con la matanza sistemática de tantos animales, se oponga tan orondamente al espectáculo de la muerte de uno. Sinceramente yo me quedaría callado, sin intención alguna de ir a hacer una parada cívica frente a ningún lado.

Mi madre intentó inculcarme algo de cultura taurina, pero no llegó a tener gran pegada en mí. Ninguna repulsión particular, sino que me dominaba el aburrimiento de lo prolongado que resultaba. En lo que sí tuvieron éxito mis padres es en hacerme vegetariano. O, cuando menos, alguien que no come carne. No disfruto del sabor de ninguna res, ni del pollo y menos aún del pescado, aunque a éste no suela considerársele "carne". Sin embargo, y contra los preceptos del vegetarianismo "ortodoxo", no me deleito entre las verduras y las cambio fácilmente por una grasosísima porción de peruanas papas fritas.

No compadezco de una forma más que la racionalmente justa a los animales. Los quiero, me encantan, pero no los humanizo. Son animales, después de todo. Si es que los comen a la parrilla, a la brasa, sudados o sancochados, carece de mi mayor interés. Con suerte y algo de preocupación sanitaria, en espera de que ningún ser humano, menos aún mis amigos y parientes, resulten enfermos por algún parásito o bacteria aprovechada.

Tampoco comparto, como mencioné antes, el punto de vista de la gente de PETA. Creo firmemente en que si se pueden comer los animales, es bueno que sean criados, sacrificados y bien digeridos. No será por mí, al menos en un futuro cercano, pero no le guardo resentimiento alguno a quien gustosamente lo haga. Y mientras esté bien preparado, sin nada que pueda afectar el organismo humano, buen provecho.

De la tauromaquia, lo mismo.

*La imagen la obtuve del blog Venezuela Jonron.

Papá, mamá, ¿puedo ser freelance?

No estoy seguro de cuán claramente pueda explicar qué es ser un periodista freelance. Debería bastar con "independiente", pero no es lo más exacto. Un médico independiente, como mi viejo, pone su consultorio y atiende ahí, period. Un abogado independiente, casi lo mismo. Un periodista independiente, no tanto así.

No puedo colocar mi oficina permanente en Compañón 340, Trujillo, y esperar que un par de sicarios entren a la bodega de enfrente y maten a la dueña. Tampoco funcionará si espero que todo llegue, vía Google, a mi ordenador. No, el periodismo freelance no sucede así.

La verdad es que tengo que salir, pero les prometo que volveré. Los riesgos están allá afuera y sería mejor -para todos- que yo no salga lastimado, lo sé. Pero en la profesión que he escogido -esto que llaman periodismo- el título, la maestría, el diplomado, la docencia (et al.), tienen el valor de una cabeza de león colgada en la pared, tras haber sido adquirida en una tienda de recuerdos.

No, no partiré mañana mismo a Iraq, pero para el caso ni Huanta ni Santiago de Chuco son malas alternativas. Por tanto, este es el inicio público -como para no dar el paso atrás sin la burla colectiva- de mi "actividad independiente". No como el hobby de un blog, mas sí como una profesión seria, pensada, sudada... y disfrutada, claro está.

No conozco aún quien haya muerto de hambre por ser freelance (quizás porque se encontraron un escritorio en el camino), aunque sí en eventos menos naturales. Me mantendré a buen recaudo. Valiente soy, pero nunca tanto. Las experiencias de Julio Villanueva y Juan Pablo Meneses son, cuando menos, motivadoras para este caso. La de este último y su teoría del periodismo portátil es aún más: tentadora.

Ciertamente no podrán escribir en la solapa de mis libros -como en los de Meneses- "siempre ha trabajado como freelance", porque ya conozco el aroma de la redacción de Caretas. Me tendré que conformar con "gran parte de su trabajo ha sido como freelance".

Basta y sobra. Los cojones los tengo. Para el efectivo, necesitaré una mano por algunos meses más (sólo algunos, lo prometo viejo).

Para la toma de conciencia, me leeré esto una vez al día.

*La imagen la obtuve de FreeLanceMovie, donde parece que venden un DVD sobre el tema.

¿Para quién trabaja Jaime Bayly?

Si hacemos un rewind de cuatro años en nuestra historia televisiva, nos podríamos encontrar con un buen programa de entrevista política. Su nombre era "El Francotirador" y era la segunda ocasión en la que Jaime Bayly asumía su conducción, tras una exitosa temporada en el 2001. La agudeza y mordacidad de sus preguntas lo hacía atractivo, diferente, de alguna manera fascinante, frente al usual periodista serio y con las preguntas programadas.

Sin embargo, como en los gobiernos, cuando estiras más allá de lo posible un programa de televisión, este pierde dirección y sentido. Así, "El Francotirador" fue prolongado una vez terminadas las elecciones y vimos, domingo a domingo, cómo Bayly se quedaba sin temas, con monólogos cada vez más inverosímiles y con invitados de menor relevancia política y mejor capacidad de hacer el ridículo. Tongo es un claro ejemplo. Peor, con sus rabietas y agravios lanzados desde la comodidad -y soledad- de su sillón giratorio, ha espantado a los "entrevistables" de interés.

A eso hay que sumarle su antojo de ser candidato a la presidencia, que recientemente dejó de lado con un amague de madurez, al argumentar que el sueldo no le permite su ritmo de vida. Ya lo he dicho antes, Jaime Bayly no podía ganar las elecciones: es un niño-bien, antojadizo, incapaz de tocar con la punta del saco la pobreza. Le tiene pavor, asco. Así, era una ilusión de fanáticos cegatones el pensar que podría gobernar el país.

Al día de hoy, el "tío terrible" no tiene idea de qué tendrá que improvisar este domingo. No sabe cómo Ximena tendrá que rellenar el vacío del sinsentido que reina en su show. Pero algo tiene claro, lanzar diatribas contra todos lo hace superior y hace que sus focas aplaudan. Un día puede ser pro-Lourdes, como al siguiente "decepcionarse", porque sabe que con él se decepcionan todos sus seguidores, una horda que contiene muchos jóvenes que ven en él un guía casi espiritual, una suerte de Sai Baba en drogas. Es un terrorista de la televisión, que reparte ataques con el mismo criterio con el que un jalador del Jirón de la Unión reparte volantes.

Jaime Bayly no es un francotirador, sino un simple tonto que arma y lanza bombas molotov, le explote a quien le explote. No es periodista porque él jamás será la noticia, aunque así lo quiera. No, ni siquiera cuando nos muestre las lindas fotos de su niñez, de sus hijas, de su esposa, de sus parejas, de su mamá.

Jaime Bayly trabaja para un público políticamente cada vez más estúpido.

*La imagen la tomé de de Generacción.com y corresponde al programa que Bayly conducía en MegaTV.

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