Lo que la TV le dio a mi niñez

Claro que la televisión en mi infancia tuvo mucho de repetida con respecto a la de mis hermanos mayores. Yo también vi Transformers, Thundercats y Pitufos. Pero hay programas fantásticos que hicieron de mi niñez -y la de toda mi generación- especial y única.


Aquí un listado que intenta ser cronológico. Cualquier corrección y/o añadidura serán bienvenidos.

1. Policía motorizado Jiban. Un remake japonés de Robocop. A mí me gustaba más porque Jiban podía patear. Memorable resulta la escena en la que Jiban lee los derechos al criminal en cuestión, mientras le meten bala, golpe... y él sigue leyéndole los derechos. Un policía que se hacía respetar, caracho.


2. Liveman. Antes de que los Power Rangers invadieran nuestra pantalla chica, ya habían pasado por ahí los Liveman. Halcón rojo, León amarillo y Delfín azul, a los que luego se les sumaron Bisonte negro y Rinoceronte verde.


A estos les siguieron los Flashman... pero son un episodio triste de nuestra televisión...

3. Supercampeones. Los arqueros volaban, lo juro. Y las chalacas, a muchos metros sobre el piso. Y el tiro del halcón, y el del tigre. Y Roberto Zedinho.


4. Caballeros del Zodiaco. Plato muy fuerte, elemento primordial de mi generación. No somos sin los Caballeros del Zodiaco, así de simple. No hay entre los nuestros quien no se haya creído Pegaso, o Dragón... aunque quizá sea primordial que no haya alguien que se haya creído Andrómeda. Por esto y muchas cosas más, coloco aquí dos intros, el que salió incialmente y el más reciente.


5. Los Gatos Samurai. Infaltables por lo divertidos.


6. Spiderman. Para mí, la mejor serie animada del hombre araña que haya existido. Con su característico humor, tan escaso en sus películas, y con la guitarra de Joe 'fuckin' Perry en la banda sonora.


7. X-Men. ¿Quién no quería que le salieran garras de adamantium de las manos?... ¿o era sólo yo? Nada que ver, definitivamente los hombres equis marcaron nuestra infancia.


8. Tiny Toons. Éramos niños... y los Looney Tunes eran viejos. Los Tiny Toons encontraron su nicho y naturalmente cuajaron a la perfección. Siendo Buster un mix entre Bart Simpson y Bugs Bunny, la diversión no tenía fin.


9. Y ya habiéndolos mencionados, los eternos Simpsons.


10. Dragon Ball y Dragon Ball Z. Si bien ya tenía fama y seguidores en su "primera temporada", entre ellos un amigo mío que gustaba correr con los brazos abiertos como Gokú, me parece que con Dragon Ball Z explotó la euforia.


Bueno, seguro que hay más, de ahí iré enriqueciendo este post. Pero algo es claro, más allá de las repeticiones de dibujos setenteros, los noventas tuvieron lo suyo. Y fue espectacular.

Renombrados panelistas dan respuesta a los ataques contra la Iglesia

Alejandro Bermúdez (director de ACIprensa) y Pepe Alonso junto a los sacerdotes Daniel Cardó y Pedro Núñez conforman un panel para dar puntuales y concretas respuestas a las acusaciones que se vienen disparando contra la Iglesia y Su Santidad, con respecto a los casos de sacerdotes pederastas, vía EWTN.


Primera Parte



Segunda Parte



El colegio de Agustín

Me entero a través de Paco Bardales que otro blogger, Ramiro Celis, ha iniciado una suerte de colecta de memorias de los que alguna vez fuimos escolares agustinos -o agustinianos, si recordamos el boletín del colegio-.

La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido. Ernesto Sábato en boca de Juan Pablo Castel, El Túnel.
Los recuerdos que guardo de mis años colegiales son bastante mixtos. No fui el matón ni el bacán, y baste decir esto para sobreentender que me lornearon quizás un poco más de lo que me hubiera gustado. Sin embargo era parte del clima, parte el ambiente, del negocio. Jodes, te joden, dependiendo de a quién es que puedes esperar la respuesta... o mejor te guardas la joda para alguien de menor rango. Porque sí, en el colegio se crean rangos que, aunque invisibles en galones y medallas, se hacen notar muy fácilmente. Pero esa es otra historia.
Adelante juventud / hacia el templo del saber / con valor y prontitud / marcha firme en tu deber
No fui uno de esos agustinos (como los hay claretianos en Trujillo) que estudiaron en el colegio desde el primer grado. No, aunque debió ser que sí: mis padres intentaron matricularme, pero no me aceptaron porque tenía cinco años en ese momento. Entré a la escuela que ya por entonces dirigía el hermano Víctor Lozano a mitad de primer año de secundaria. El choque no pudo ser más brutal: yo llegaba del María Auxiliadora, un pequeño y mixto colegio trujillano, donde por intentar un amague de bulla recibías una marca en la libreta de control que tus padres debían firmar todos los días.
El Colegio de Agustín / siempre tuvo por blasón / estudiar y seguir / la virtud con valor, / como lema y signo / grabado en el pecho / y en el corazón. / Ciencia y amor, / enseña de vivir / será claro guión / en nuestro porvenir.
En el San Agustín, el de Iquitos al menos, dicha libreta de control se veía reducida a un cuadernillo que presentabas firmado cuando al tutor buenamente se le antojaba (y todos mis tutores demostraron increíble capacidad para olvidarse que la libreta de marras existía). Cuando entre mis amigos trujillanos los comentarios pornográficos eran bastante incipientes, entre mis condiscípulos iquiteños trataban, con espejo en pie, de verle el calzón a la profesora. Aprendí que lo que en el María Auxiliadora se resolvía con algo de voz alzada o una amenaza de suspensión, en el San Agustín debía -necesariamente- llegar a una buena zamaqueada de parte de Duilio, de Bartolo y de -en divertidamente terrible última instancia- de Henry.

Lamento haberme olvidado del nombre de algunos, para estos y otros tendré como detalle divertido llamarlo por sus apodos.

Recorrerme los cuatro años que restan sería prolongado, bien entenderán mis hermanos en la escritura que mientras uno va escribiendo se le vienen a la cabeza más y más historias de las que, eventualmente, uno tendrá que prescindir. Por esto me jugaré en anotar algunos pasajes brevemente.
Corramos a la lid / daremos esplendor / al Centro ilustre / que nos formó. / En la ruta del deber, / seguiremos sin temor / porque querer es poder / y Agustín es el gran Doctor.
Tratando de recordar los nombres de algunos me encuentro con la lista actual de docentes, en la que el buen 'Zorro' Nelson López figura entre la directiva actual. Por este profe, que comparte apodo con Christian Meier, guardo un especial afecto. No fue hasta tercer año, con él como guía, que me fascinó la idea de escribir. Era una idea de infancia que ya había perdido para mi sexto grado. Ni Roque Maury con sus divertidas lisuras ("escúchenme carajos") fueron tan capaces como el buen 'Zorro' de devolverme la pasión que requiere Narrar -sí, con N mayúscula-.

De una ausente, la profesora Amaya, si bien cariño le guardo debo decir que mi Fe ha permanecido en el corazón muy a pesar de sus clases. La educación católica no debe asustar sino alegrar el corazón por el bello misterio de la Reconciliación. Esa debe ser una lección para tantos docentes del curso de Religión que toman sus clases -y por esto la toman así los alumnos- como unas horas de tedio irrelevante.

Encuentro por ahí también al genial Ahuanari. Y digo genial por dos razones importantes: me produjo un increíble gusto por las matemáticas, que no estoy muy seguro de haberse reflejado en la libreta de notas; además no recuerdo a docente alguno jamás que haya conseguido con sola presencia (y no es ni grandote ni musculoso) callar y tranquilizar semejante turba que hemos significado siempre los alumnos agustinos.

A Artemio Bocanegra le agradezco las clases ligeras e interesantes, calificativos usualmente muy distantes de los cursos de Ciencias Sociales. A Camilo Ramírez le debo algo más importante. Fue durante sus clases, en las que no sólo nos remitíamos a lo que los textos de geopolítica decían sino que conversábamos con ardor sobre las repercusiones del conflicto del Cenepa, por aquel entonces reciente. En esas clases yo iba forjando mis ganas de cambiar el mundo, y mis dotes dialécticas.

Aquí el segundo apodo: 'Munrra', que no tiene nada de mala sangre, sino que Oswaldo Soto, patriota como él sólo, cargaba ya por aquellos días con más años de los que cualquiera podría aguantar. Y los cargaba firme, como buen soldado, con la entereza con la que cantaba. Con sus Aviator bien colocados sobre la nariz, siempre. Hombre muy inteligente, debió ser presidente de la República. Al menos por amar tanto al país.

Elder Quevedo es un tipo muy gracioso. Era, en mis días, colaborador de Pérez (a.k.a. 'Gamboa') en las labores de O.B.E. y profesor de Contabilidad. Sí, aprendí Contabilidad en primer y segundo año de secundaria. No se preocupen, ya la olvidé.

Eduardo Sánchez eran dos palabras que no se me venían a la cabeza ni de casualidad hace unos meses, cuando me lo encontré en su puerta de la calle Ucayali. Sólo lo recordaba como 'Papazo' y estoy seguro de que sigue siendo un buen profesor de Educación Física, exigente, recio, carajeador. Y por su bien, espero que aquellas madrugadoras vueltas en trote al estadio Max Augustin en verdad me salven el corazón a los treinta años.

No está en lista, pero merece mencionarlo. Sé que se apellida González, pero sé más que lo llamábamos 'Tufo'. Era un buen profesor, muy bueno para ser sinceros. Y ser muy bueno se paga caro en un colegio de puros hombres. El pagó intereses y moras elevadas e innecesarias. Al menos sé hacer marcos y letras diseñadas en hoja de sketchbook, pero aún no sé para qué.

En el San Agustín fui clown, de la mano de Carlos Robalino -de la mano y nada más, dadas sus andanzas actuales-, con Jibaja y Harley. La Caperucita Roja fue nuestra obra, para los que puedan recordar. En el San Agustín cultivé amistades invaluables: Oscar, Jair, Pepe, Rocha, Falla, Pinares, el recientemente fallecido Mauro, Tapia, y tantos otros de la promoción XLVI.

Me recuerdo hace un par de años caminando por Parque Kennedy, en Lima, pensando precisamente que ese sería el mejor lugar para ser encontrado por algún inesperado conocido. Menos de cinco minutos después, me encontraba con Carlos Vinatea, que estudiaba cocina allá. Con esto dejo claro que no se puede escapar del "fantasma" de ser agustino, aunque así lo quieras. Ser agustino es algo que se lleva en el alma.
Sigámosle con fervor / anhelando su saber / y poder llegar / hasta el fin / cual heroico paladín.
Cosa de Dios, al regresar a Trujillo y entrar en el Movimiento de Vida Cristiana, mi primera agrupación se llamó San Agustín. Esa sigue siendo mi agrupación, y este mi santo preferido, mi modelo de conversión.


Sobre el escándalo de la pedofilia y la pederastia

El escándalo del que diversos medios de comunicación han hecho renta por estos días es ciertamente doloroso. El sólo pensar que un siervo de Dios, un sacerdote, ha caído en las oscuridades más pestilentes del pecado es aborrecible. Y esto tanto moral como legalmente. Estas personas, tan ciudadanos como cualquiera, merecen el peso de la justicia humana.


Una visita rápida la Red Peruana contra la pornografía infantil nos dará cuenta de que no sólo en la Iglesia, y por tanto el celibato no es "causante" de pedofilia, sino incluso hay docentes universitarios pedófilos. Y dicho esto, queda claro que estos actos, ya sean dentro de la Iglesia o en el mundo secular son aborrecibles, me dedicaré a hacer un análisis del escándalo.

La doble moral sobre la pederastia es dramática. Hace algún tiempo, Thomas R. DeGregory señalaba que las políticas "socialmente responsables"de diversas organizaciones para la lucha contra el trabajo infantil en países asiáticos, generaban prostitución infantil. Entiéndase: el luchar para que los niños ya no fabriquen zapatillas (o iPods o qué se yo) los llevaba al muchísimo más riesgoso negocio de entregarse sexualmente por dinero. Pero los medios sólo cubren la lucha contra el trabajo infantil, naturalmente.

En la selva peruana el turismo sexual infantil, como consecuencia del turismo sexual "adulto" es casi socialmente aceptado. Uno puede ir a las barriadas más bajas del distrito de Belén y tener relaciones con una prostituta que es menor de edad en una canoa. Esto es vox populi, pero nadie lo combate. Claro que las autoridades creen estar haciendo lo suyo con solo pintar unas cuantas paredes diciendo "No al Turismo Sexual Infantil".

En muchos hogares aún se promueve que el hijo varón de 12 años aproximadamente vaya al prostíbulo a iniciarse sexualmente, y se ve lícito cuando es en sí una violación. La sociedad alienta el inicio sexual temprano, cuando esto también agrede a la persona. Ciertamente es muchísimo más indignante cuando se trata de niños muy pequeños, pero hay que recordar que siguen siendo menores de edad hasta, obviamente, los 18 años.

Otra muy usual manifestación de esa doble moral es cuando se trata de una mujer, como algunos casos de profesoras que violan a sus alumnos. En Twitter pude leer a unos populares locutores radiales que señalaban muy alegremente "yo hubiera querido tener una profesora así".

O novelas como Carmín, y su remake con Stephanie Cayo, promoviendo abiertamente y en horario familiar la pederastia.

Hay muchos otros casos a considerar, que no libran de responsabilidad ni a pedófilos/pederastas en la Iglesia ni en ningún otro ámbito. Pero, como mencionaba al principio, habría que medir las razones y la magnitud del escándalo mediático. Porque, como bien lo señaló el Señor, todos somos pecadores. Tirar piedras no nos exime de absolutamente nada.

La ilustración la obtuve de este sitio, en el que se anota la detención de un pornógrafo y pedófilo.

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