Nada de tetas asustadas, ¡que venga el SuperCholo!

Cuando un peruano triunfa, todos nos subimos al coche, le ponemos la bandera encima y lo proclamamos patrimonio de la nación. Así ha pasado con Sofía Mulanovich, deportista con un talento deportivo y capacidad económica bastante escasos en nuestro país: una tabla de surf cuesta, cuando menos US$ 300, mientras que una bonita pelota futbolera fácilmente alcanza los S/. 15. El caso de Kina Malpartida es similar: la mujer campeonó mundialmente en darle a puñetazos a otras mujeres, pero el Perú entero la alaba como si ver unos cuantos rounds de box fueran cosa de todos los domingos en América TV. Ni qué decir del deporte en el que medianamente triunfó Lucho Horna, el tennis, cuyo mínimo requerimiento -la raqueta- cuesta alredor de S/. 180.


El caso de la película "La teta asustada" corre en cuenta similar: pocos la han visto, pero es peruana así que hay que apoyarla. Personalmente me abstengo, en principio por los mismos motivos por los que no acompañé el desfile de zalamería que reinó en los casos anteriores (que incluyen a un astronauta que ya de peruano sólo le quedaba el recuerdo, las gemelas Bernaola y a una actriz de poca monta partidaria de Pizango): porque si no me interesa, bueno vale que sea peruano o de la República de Banania. A esto hay que sumarle en algo que se parece "La teta asustada" a casi todas las películas peruanas: un programa de Laura Bozzo a la n potencia.

Sinceramente, ya me cansé de películas que nos ponen pesimistas, que dicen "somos un asco", que hacen una "instrospección" cargada de falsedades, dolores innecesarios y que critican nuestro "pesimismo" haciéndonos sentir peor por nosotros mismos. Lo que necesitamos es una película de victorias, de que podemos hacer algo bien, de que podemos triunfar sobre las adversidades en dos patadas. Es momento de una película que nos "suba la moral, pe' varón". Lo que necesitamos, y búrlense si quieren, es una película de superhéroes. No sería malo comenzar con el SuperCholo.

"La Coordinadora de Derechos Humanos, esa cojudez"

Uno de los ataques comunistoides y anticlericales de los últimos años en Perú ha sido que Monseñor Cipriani, Arzobispo de Lima, dijo que los "derechos humanos son una cojudez". Esa acusación es, de forma bastante obvia, falaz. La justificación aparente a dicha mentira es que el Cardenal es un malvado fascista, que permitió las vejaciones de las Fuerzas Armadas contra los pobladores. Una justificación bastante pobre, si me preguntan a mí.


Sin embargo, rondando por ahí, en este mar cargado de tantas historias e información, encontré este escaneo de la revista Caretas, donde aparece la verdadera declaración del Arzobispo de Lima. La frase en cuestión corresponde a las últimas líneas:
"... He salido al frente de los pobres y de los que han masacrado en esta ciudad (Ayacucho). Y durante este trajín no he visto a los de la Coordinadora de Derechos Humanos, esa cojudez".
Se esclarece aquí que la "altanera" grosería de Monseñor tenía una muy humana razón en la decepción y molestia que ocasionó la incapacidad de una institución de demasiada política y poca ayuda al pobre.

Siempre quise dejarlo claro: para todos aquellos que les gusta andar calumniando, aquí tienen una posibilidad menos para hacerlo.

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