Life Symphony: la estafa de los gurúes aún es rentable

Actualización 1 de agosto 2011: El dueño de la franquicia Life Symphony, Edwin Maeshiro Nomura, intentó quitarse la vida saltando del Cerro Centinela, en La Molina, Lima. Parece que este caso podría terminar como el de Mark Hughes, el fundador de Herbalife. Fuente: Diario El Comercio



 Todos queremos ser felices y daríamos lo que fuera porque alguien nos muestre una forma fácil de serlo. Ahí existe un nicho de negocio que muchos han aprovechado para hacerse de los frijoles, entre ellos Life Symphony.


La verdad es que no debería tener nada contra ellos, si no fuera por un íntimo apego a los derechos humanos que no puedo arrancar de mí. Cuando mi fuente, a quien llamaré Gustavo (o Garganta Profunda, si gustan), me contó lo que acontece como última dinámica en el primer taller de este grupete, no pude sino asumir una profunda antipatía por los sinfónicos de la vida.

¿Qué es lo que hacen ahí? Pues nadie te lo va a contar, porque los verdaderamente convencidos te dirán que "tienes que vivirlo", y entiéndase "vivirlo" por pagar más de mil soles por uno de estos talleres.

Sé que podrán caer tantas piedras por ahí como cuando revelé algunas malas costumbres de los más públicos "herbalifos" (a.k.a. Distribuidores Independientes de Herbalife), pero no guardo temor alguno. Pronto a la luz, porque cobrar por mejorar la vida de las personas es siempre una estafa.

Por cierto, creo que hace tiempo que olvidé reseñarlo, pero la "anécdota" la cuento en este post.

Por si siguen buscando hosting barato

*Post patrocinado/Sponsored post

FindMyHosting.com no es la web más dinámica del mundo, ni la más 2.0 pero tampoco es ser linda lo que ofrece. Así como las reinas de belleza no entrenaron para más inteligencia que la de qué mejoras le harían al mundo o a quién más admiran, esta web no ofrece más que un listado de servicios de hostings económicos. Pero eso parece hacerlo bien.

La descripción que hace de cada uno de estos servicios es comparativa, así sabes, en un sólo listado, qué de bueno tiene una en comparación con las otras 9. Porque cierto, me había olvidado de mencionar un detalle muy importante: son 10 las opciones de almacenamiento web económico (cheap web hosting, en inglés). Aceptémoslo, cuando ya viste que de 10 hay una más barata que las demás, difícilmente vas a buscar otras cien.


Aparte de eso tiene algunos otros recursos, como preguntas frecuentes para novatos (como yo) en almacenamiento web. No mucho más, no se hagan ilusiones. Después de todo, es un portal para buscar web hosting barato.

Los criterios en los que se basa su calificación -siempre es bueno conocerlos- son: confiabilidad, precio, tiempo de carga, prestaciones, facilidad de uso y soporte general. Con todo eso, la primera opción sería definitivamente la ganadora. Quizá debería haber solamente un ranking de cinco, ¿no creen?

Espero que les sea de provecho, yo aún sigo sin necesitar hosting, pero lo iré pensando en un futuro que parece cada vez más próximo.

Provecho.

Un derecho inalienable de los perros

Mucho se ha hablado de los derechos de los animales y de mucho se han quejado también. No podemos dejar de mencionar la airada manifestación contra el uso quirúrgico y docente que de ellos se ha venido dando en muchas universidades del país. Tampoco podríamos dejar atrás la fílmica lucha de Elle Woods (Reese Witherspoon) en Legally Blonde 2, contra el abuso de las empresas desarrolladoras de cosméticos. Ni qué decir ya de la popular cadena (¡al infierno aquellos que la llamen hoax!) de los gatitos que en Japón los crían dentro de botellas.


Pero sobre el más básico de los derechos que debería acompañar a todo perro, como lo hace con vacas y rumiantes varios en las altas zonas de nuestro Perú, no se ha dicho nada. Al contrario, se ha callado, se ha cedido y finalmente perdido toda libertad en este campo. Me refiero señores, sin más, a que todo perro que se precie de tal debería gozar del poder de defecar en un jardín.

Y claro, seguro que algún lector con ínfulas dictatoriales, autoritarias y de flores bonitas en el jardín seguro hizo su primer gesto de descontento. Pero no es justo, les digo, que con suma tranquilidad dejemos que el mundo entero arroje al césped sus empaques de galleta, de snacks, papeles higiénicos colmados de mucosidad nasal, ¡platos descartables! y nadie se duele. Pero apenas un perro inicia la natural labor, soltando el biodegradable producto de su alimentación, el ladrido humano es claro: recoja la basura de su perro.

Pero no nos hagamos los tarugos (Chimoltrufia dixit), ¿acaso no es necesario el abono -palabra educada por lo insípida- para el buen crecimiento herbáceo? Pues lo es y, aunque prefieran el aserrín, son mejores las heces animales. ¿Por qué entonces despreciar los residuos de Pedigree de mis perros? Por un sencillo miedo que acompaña a la humanidad desde sus inicios y que lo llevó al evolucionado invento del calzado: el miedo de pisar caca de perro.

Venzamos pues esta cobardía y permitámosle ese derecho natural inalienable del que hemos privado a nuestros más queridos y más fieles amigos.

*La imagen del perro educado la obtuve de la web aperrados.com

Voy haciendo carrera de fotógrafo

Fueron Diego Torres -mi amigo publicista, no el cantante- y su enfermiza habilidad para rebuscar y rebuscar en internet, encontrando novedades publicitarias a cada paso, los que me llevaron a conocer RevolutionArt, una revista gratuita en PDF, colmada de diseños radicales y muy buenas fotografías. Aceptan el envío de material y en esta última edición, titulada Ethnic, aceptaron un par de fotografías mías. Aquí la dirección de descarga para que le puedan echar una ojeada, estoy en las páginas 36 y 37.


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Una arruga muy larga después de trece mentiras cortas

La verdad es que jamás fue mi intención arrastrar una deuda tan pequeña durante tanto tiempo. Pero la contradicción surgió en el mismo instante en el que la deuda se gestó: una extraña mezcla de orgullo con vergüenza, de dulce y ácido (como aquel riquísimo chicle hoy descontinuado).


La tarjeta dorada adicional que cortezmente me había dado mi padre, con la sana y confiada intención de que la use solamente para sacar un ticket beneficiado en la espera del banco, resultó teniendo saldo 0 al pasarla por el POS de Librería Adriática y rebotanto una y otra vez, a medida que la señorita pasaba la tarjeta de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.

Gustavo Rodríguez, el escritor en recreo de publicista, firmaba los autógrafos de los pocos que fuimos y de los menos que compraron. Y la tarjeta que seguía rebotando. Intenté ir al cajero y soñar que sí había saldo y que solo era un problema del POS, pero no. Y mi libro firmado se iba esfumando.

Pero Gustavo se compadeció y financió los treinta y cinco nuevos soles que costaba el libro, me lo firmó recordando el pasado monárquico de mi nombre y me encargó un papel con su número de cuenta en el BCP y su correo electrónico.

Después de eso, el orgullo y la vergüenza entraron en escena: La alegría y la deuda. Y jugaron ping pong mes tras mes, acompañados de mi habilidad para dilapidar mi dinero en los primeros días de cada treintena, y un juego a las escondidas con el papelillo de marras donde Rodríguez había dejado su número de cuenta. Pasaron así casi tres años, hasta que me reencontré con la hoja y los debidos 35 soles en el bolsillo (y más, para cualquier pago de trámite). Resultó aquel día que dicha cuenta ya no existía.

Y no había forma desde entonces de pagarle a Gustavo Rodríguez, mi ídolo de infancia comunicativa. Y qué palta que se acuerde. Y qué palta escribirle a su mail diciéndole "aún te debo".

Y por algún motivo Alfieri resultó teniendo entre los enlaces de su blog a la web de Gustavo, y no pude resistirle a la tentación desvergonzada de avisarle que existo y que le debo.

  1. David Ramos dice:

    Te debo aún -y lo recuerdo con la debida vergüenza- 35 soles. Hazme saber cuando vuelvas por Trujillo. Y perdóname los intereses. Un abrazo.

  2. gr dice:

    Hola David, mejor hagamos una cosa. Con ese dinero compra otro libro igual -si es que te gustó, claro- y regálaselo a alguien que te importe. ¡Un abrazo!


Las fechas deben estar algo mal configuradas, no recuerdo que haya sido en mayo sino quizás en algún mes más reciente. Pero ahí su respuesta, bonachona y con un compromiso que estoy dispuesto a cumplir. Ahora solo falta tener, una vez más, los treinta y cinco soles.

Por cierto, el libro lo leí casi enteramente en un viaje de avión Lima-Iquitos. Genial, aunque sigo prefiriendo La Furia de Aquiles.

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