El derecho de no leer
La verdad es que no me gusta leer: Leo poco, pero suficiente. Leí un libro de Martín Caparrós y me fascinó, no he leído el Aleph de Borges -de hecho, nada del argentino- y no me avergüenzo, cerré La Serpiente de Oro en la primera página porque me decepcionó la descripción tan insípida del paisaje serrano. Nada tenía que ver aquella, mediocre, con la que hizo Wilde del jardín de Basil Hallward. En esta casi se pueden oler las flores.No soy maniático de la compra de libros. Compro con suerte los que logran balancear un título verdaderamente atractivo con un buen resumen del prólogo (contratapa). Reparo en los precios, en el diseño de tapa, en la editorial, en la nacionalidad. De hecho, me pongo todos los pretextos posibles para no comprar un libro. E incluso los que compro absolutamente entusiasmado no los leo. Prueba de esto es que me espera aún, entre el desorden de mi habitación, el compilado de crónicas de Eloy Jáuregui -Usted es la culpable-.
Leo algunos blogs: los de tecnología (gadgets) y los de mis amigos. No creo necesitar leer más blogs. Leo poco los periódicos digitales, y casi nunca los impresos. Prefiero estar al tanto de las noticias en Twitter.
Hoy, en la Feria del Libro de Lima, no compré mas que tres textos. Uno es el recientemente publicado Elogios Criminales de Julio Villanueva Chang, por quien tengo una justificada admiración. Los otros dos cayeron por la oferta 2 x S/. 10. Ni una enciclopedia Lexus más. Eso es todo, y aún desconfío de haberlos leído para dentro de un mes.
No leo mucho, y no me importa si mis (ex) profesores me quieren menos por eso.
*La imagen la obtuve del blog Divergencias.












2 Responses to "El derecho de no leer"
PUNTO APARTE. ¿Vas hoy al ciclo de cine que organiza el Chino en el INC?
No, no iré al ciclo de cine porque no se me antoja... jajajaja... nada, estoy en Lima, por eso te preguntaba si seguías por aquí. El viernes amanezco en la eternamente primaveral.
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