Cobi, la mascota más genial

Recuerdos de niñez...

Un breve remember del concierto de Soda

Starbucks girl

David quiere un café. Ese principio es el que lo hizo aterrizar en aquella cuadra rebosante en cafeterías a tan temprana hora. La Diagonal luce desolada. Casi sin tráfico, sin micros, sin gente, sin putas, sin niños bien. El sol amenaza a pesar de la neblina. Arriba las nubes filtran su luz pero permiten a la vez reconocer su redonda forma. Pero David quería un café y no por eso miraba el sol aunque sí apreciaba la ausencia de todo. Y entre esa ausencia de todo entró a Starbucks.

Algo giró entonces en su cabeza. El calor. Ya no quería un capuccino con crema. No. Hace calor, que sea un frapuccino.

-Hola- una linda jovencita de cabello negro, tez blanca y un barrito naciente levemente por encima de la punta de la nariz, esobozó una sonrisa.
-Hola. Un frapuccino de café, por favor- contestó David, siempre intrigado por la sonrisa cómplice, siempre amiga, de las partners de Starbucks.

Él se sienta en un sofá cercano a la barra, a la espera de la fresca bebida que habrá de prepararlo para su recorrido de cinco kilómetros a lo largo de la avenida Arequipa. Abre "Cosa Nostra", el juez Falcone, los hombres de honor. El frapuccino está listo. Regresa a su sofá. Un par de chicas conversan amenamente a quince metros en una mesita. Nadie más en el lugar. Las dos chicas, la partner Starbucks y David. Y un libro sobre mafiosos al que cada vez este le presta menos atención.


El caño de la barra ha manifestado sonidos extraños que motivaron la sonrisa mutua. Él siente que sería una buena oportunidad para hablarle, conocerla, invitarla a salir, pedirle que sea su enamorada, pedirle matrimonio, cualquier cosa menos pedirle otro vaso de frapuccino. Pero pausa, lo piensa, cierra el libro, sorbe la cremolada de café, lo piensa una vez más, y otra. Lo arriesga. Andy dijo que le dijeron que no se pierde nada arriesgándose. No la volverá a ver. Mañana vuelve a Trujillo. Qué más da. Ahí vamos, el Perú está contigo.

David se levanta. Aún queda frapuccino en el vaso plástico, pero igual lo descarta en un tacho convenientemente ubicado cerca de caja. Ella está agachada recogiendo quién sabe qué. Él se acerca, ella se asusta.

-Me asustaste-.
-Gracias por atenderme bien y gracias por aguantar mis bromas-
-No hay problema- sonríe.
-¿Cuál es tu nombre?-
-Jhoana.
-¿Puedo conocerte?-
-Claro, siempre estoy por aquí, vivo aquí- bromea.
-Sí, pero digo, salir a tomar una gaseosa o algo así. Sería algo desquiciado invitarte a tomar un café-
-No me gusta el café-
(¿Cómo hace para mantener siempre esa sonrisa tan dulce?)
-Por eso digo que sería bueno salir a tomar otra cosa y caminar o algo así-
-Aquí también hay jugos-
-¿Te puedo llamar luego?-
-Lo que pasa es que me han robado el celular-
(¡Demonios, la perdemos, la perdemos. Traigan el resucitador!)
-Mmm... y ¿a qué hora te puedo ubicar en tu casa?-
-Mejor te doy mi messenger-. Arranca un pedacito de voucher y escribe en él. Se lo entrega. David lo dobla casi sin mirarlo. Le sonríe. -Un gusto. Mi nombre es David-. Estira la mano, se sonríen.

David se va, no mira atrás. Sonríe. Sonríe durante casi 50 cuadras y casi 48 horas más.

¿Qué me puedes regalar?

Conversando esta tarde con Ana María caí en cuenta de que siempre es bueno poner al tanto a nuestros amigos, los viejos y con mayor razón los nuevos, de qué es lo que quisiéramos recibir. Anoté entonces que nunca nos regalan lo que queremos. En fin, para que sirva a los interesados.

Un Zippo de The Beatles o Led Zeppelin.
Una billetera Renzo Costa.
Una colonia Jean Paul Gaultier o Lacoste o Swiss Army
Un par de buenos vinos (de preferencia Malbec o Cabernet Sauvingon).
Un iPod (para los más osados).
Un Audi TT (nunca está de más considerarlo).
Un par de jeans KSK.
Un par de zapatillas All Star (Never is enough).
Un pack de cajetillas de Lucky Strike rojos.
Una guitarra.
Unas gafas bonitas (tengo astigmatismo 0.25, eh).
Un mighty mouse (ver apple.com).
El Leopard original (nuevamente ver apple.com).
Una cava (del tamaño que buenamente se pueda).

Podrían ocurrírseme más. Aunque siempre queda el infalible: "tu voluntad nomás".

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